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Los 5 acueductos navegables más impresionantes del mundo

Acueducto de Pontcysyllte (Fuente)
En España, cuando uno piensa en un acueducto, lo primero que se le viene a la mente es la extraordinaria obra de ingeniería que los romanos erigieron en Segovia. Aquí ya dediqué recientemente una entrada a un acueducto impresionante, el de Los Ángeles, que con 375 kilómetros de canalizaciones es el principal suministro de agua de la ciudad. Hoy, siguiendo la línea del post anterior (El túnel para barcos de Stad, el primer canal subterráneo navegable del mundo), os presento otras maravillas arquitectónicas destinadas a facilitar la navegación: los acueductos navegables o puentes para barcos.


1. El puente sobre el Elba de Magdeburgo (Alemania)

(Fuente)

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El puente de agua de Magdeburgo (en alemán, Kanalbrücke Magdeburg) es, con 918 metros de longitud, 4.25 metros de profundidad y 34 metros de anchura, el acueducto navegable más grande del mundo, así como una de las obras de ingeniería civil más llamativas de Alemania.

Su construcción comenzó en 1997 y se inauguró en 2003. Para fabricarlo se utilizaron unos 68.000 metros cúbicos de hormigón y 24.000 toneladas de acero, con un coste aproximado de 500 millones de Euros. Su misión es la de comunicar el canal Elba-Habel con el canal Mittelland, el más importante de Alemania, que permite el transporte fluvial entre el este y el oeste del país, y comunica Francia, Suiza, Bélgica y los Países Bajos con Polonia, la República Checa y el mar Báltico. 


2. El acueducto de Pontcysyllte (Gales)









































El Acueducto de Pontcysyllte se ubica en el noreste de Gales, y sirve para transportar el agua y el tráfico fluvial del Canal de Llangollen sobre el valle del río Dee. Se construyó en 1805, y desde entonces ostenta el título de acueducto más largo y más alto de Gran Bretaña. Está incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Está construido con hierro fundido y ladrillo, y sigue utilizándose para su propósito original, cruzándolo cada año más de mil barcos. Sus dimensiones son considerablemente inferiores a las del anterior, con 307 metros de longitud, 3.4 metros de anchura y 1.60 metros de profundidad, pero no por ello su estampa es menos impresionante.


3. El acueducto oscilante de Barton (Inglaterra)

(Fuente)

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El acueducto oscilante de Barton se encuentra en la ciudad de Eccles, en el condado de Gran Mánchester, y transporta el agua del Bridgewater Canal sobre el Manchester Ship Canal.

Aunque a simple vista pueda parecer el menos impresionante de los vistos hasta ahora, este acueducto no es simplemente navegable, sino que añade un extra a sus características: puede rotar 90º sobre su centro para permitir el paso de grandes barcos a través del Manchester Ship Canal.

El acueducto mide 71 metros y pesa 800 toneladas en vacío, albergando en su interior otras 800 toneladas de agua. En total, 1600 toneladas que pivotan sobre la isleta en la que se sustenta para permitir el tráfico fluvial en todas las direcciones. Sin duda una maravilla de la ingeniería.


4. Ringvaart Haarlemmermeer Aquaduct (Países Bajos)

(Fuente)




















El Ringvaart es un canal circular situado en los Países Bajos que deja una curiosa estampa a su paso sobre la autovía A4, que comunica Ámsterdam con La Haya.

El acueducto original fue construido en 1961, aunque la obra actual data de 2010, cuando se hizo necesaria su reforma para ampliar el número de carriles de la autovía, alcanzando una longitud de 80 metros.


5. El acueducto de Håverud (Suecia)

(Fuente)






















El acueducto de Håverud (Suecia) fue construido durante la década de los 60 del siglo XIX (se inauguró en 1868) como parte del Canal de Dalsland, junto con la carretera y la línea ferroviaria que se sitúan sobre él.

Tiene una longitud de 33.5 metros, y está construido con placas de acero unidas entre si mediante más de 33.000 remaches.

Se trata de una maravilla de la ingeniería de la época, y en la actualidad, de una de las mayores atracciones turísticas de la zona. El tráfico fluvial permanece abierto desde el 1 de mayo hasta el 30 de septiembre. Posteriormente las condiciones climáticas hacen imposible la navegación.

El túnel para barcos de Stad, el primer canal subterráneo navegable del mundo

Recreación artística del Stad Skipstunnel (Fuente)

El túnel para barcos de Stad (en noruego Stad Skipstunnel) es un proyecto para construir un túnel navegable que atraviese el istmo de Stad, una pequeña península de Noruega. Este lugar, famoso por sus desfavorables condiciones climáticas, supone uno de los mayores obstáculos para el transporte marítimo de Noruega, y en particular, para la comunicación de las ciudades de Bergen y Ålesund.

El proyecto contempla la perforación de una galería de casi 1.800 metros de longitud, 45 metros de alto y 23 de ancho, inundada hasta una altura de 12 metros, de forma que resulte navegable incluso para buques de dimensiones considerables.

Recreación acotada del interior del
Stad Skipstunnel (Fuente)
La idea fue lanzada en 2001 (más bien relanzada, dado que la primera referencia conocida para construir este túnel data de 1874), aunque permaneció en stand by hasta 2007, cuando de nuevo salió a la luz, causando una gran expectación mediática por tratarse del primer túnel para barcos del mundo. Estaba presupuestado en 1.700 millones de coronas (unos 230 millones de euros al cambio actual), y su construcción debía durar 5 años.

Desafortunadamente, un estudio económico más exhaustivo concluyó que el ahorro en costes de navegación, seguridad y tiempo, así como el turismo que atraería una infraestructura de estas características, no eran suficientes para justificar el proyecto, que quedó aplazado indefinidamente.

Ahora, algunos informes realizados en los últimos años ponen de relieve las ventajas sociales de una construcción como esta, y se han creado plataformas para presionar a los políticos e impulsar su desarrollo.

El futuro definitivo de esta obra se decidirá en la primavera de 2013, en el marco del Ciclo sobre el Transporte de la Nación 2014-2024.

Por mi parte, sin analizar las ventajas o los inconvenientes que pueda suponer su construcción, espero que el túnel llegue a buen puerto. Una maravilla de la ingeniería de estas características no merece quedarse en papel mojado.

Fuentes y más información: bt.no | Marinebuzz | Skipstunnel 

Bolas de hámster gigantes para humanos, el futuro de la vivienda y el transporte en los años 30 y 40

















Lo que veis en la ilustración que encabeza esta entrada es una muestra de cómo pensaban en los años 30 que serían las casas del futuro. Apareció publicada en el número de septiembre de 1934 de la revista Everyday Science and Mechanics, y como resulta comprensible, no existen pruebas (o al menos yo no las he encontrado) de que se intentara llevar a la práctica en algún momento de la historia.

Por aquél entonces, era común que algunas revistas consultaran las nuevas patentes registradas e instaran a sus redactores a imaginar los grandes avances que traerían. En este caso, el invento está inspirado en el desarrollo en de un nuevo método para fabricar bidones y contenedores esféricos, patentado en mayo de ese mismo año por Edwin G. Daniels (nº de patente 1.958.421), que puedes consultar aquí.

La casa esférica estaba pensada para construirse como un todo en el que posteriormente se perforarían las ventanas y la puerta. Además, gracias a la adhesión de dos tiras protectoras, el dueño podría transportarla cómodamente remolcándola con un tractor, como si de una caravana se tratara (aunque es probable que, tras el viaje, en el interior no quedara títere con cabeza).




































Doce años después, en el número de febrero de 1946, la revista Amazing Stories publicaba una nueva bola de hámster gigante para humanos, ideada por el ilustrador James B. Settles, cuya descripción desvelaba una idea mucho más ambiciosa (e imposible) que la anterior.

En este caso se trataba de un novedoso medio de transporte alimentado por un reactor nuclear, que una vez más, daba fe de la fiebre atómica del momento y las esperanzas que la sociedad tenía puesta en la energía de fisión.

La bola de plástico transparente estaba diseñada para girar sobre unos raíles magnéticos que servían a la vez como freno y conmutador de dirección, mientras que el núcleo debía mantenerse en posición vertical gracias a la acción de un estabilizador giroscópico, lo que permitiría disfrutar de los parques, discotecas, terrazas y áreas de descanso instaladas en el interior.

Fuente y más información: Paleofuture I, II

Una visita a la fábrica de Rolls-Royce... en 1960

Rolls-Royce Corniche, último modelo de RR fabricado en la planta de Crewe (Fuente)

Ayer se cumplieron diez años de la salida del último Rolls-Royce de la fábrica que, hasta entonces, la marca compartía con Bentley en la localidad inglesa de Crewe, y quiso la casualidad que, navegando por las entrañas de la revista Popular Science, me topara con una visita realizada por uno de sus redactores en 1960. El artículo comienza así:

Cuando me llevaron a través de la planta de Rolls-Royce en Crewe, en el centro de Inglaterra, un ingeniero apuntó: “El día que empecemos a construir coches como Cadillac, Chrysler, o Lincoln, no tendremos derecho a cobrar nada más por ello de lo que ellos cobran”. En esta extraña fábrica, los costes de producción son ignorados como una cuestión de política. A ningún cliente se le promete una fecha de entrega firme –porque nadie puede predecir cuando los inspectores de Rolls liberarán un coche para su venta.

Continúa con una serie de fotos con sus respectivas descripciones, algunas de las cuales me he tomado la libertad de resumir y traducir a continuación. El artículo original podéis leerlo íntegramente aquí (Google Books).

En una sala insonorizada, un inspector de calidad utiliza una sonda acústica para comprobar el leve zumbido de los engranajes de una transmisión automática.

(Izquierda) En este banco de mecanizado, una serie de complejas herramientas perforan el bloque de aluminio que sustenta el motor V-8. Con no menos de 11 herramientas por cabezal, aquí se realiza el acabado de los agujeros principales, se hacen las ranuras para las juntas de estanqueidad y se abre un hueco para las juntas de las camisas de los cilindros. Las herramientas están diseñadas para realizar todas las operaciones relacionadas en una sola pasada, garantizando la concentricidad y la perpendicularidad.
(Derecha) Aquí se comprueba que las camisas de los cilindros no sobresalen más de 0.05 milímetros por encima del bloque motor. El extremo inferior de la camisa queda libre para expandirse, ya que el hierro fundido del que está compuesto y el aluminio del bloque se expanden a ritmos distintos.

Cada motor V-8 se equilibra como un conjunto, colocándolo en el dispositivo que se muestra y haciéndolo girar con un motor eléctrico. Unos transductores electrónicos muestran cualquier desequilibrio e informan de si está más cerca de la parte delantera o trasera del motor. En la foto, un operador realiza las correcciones oportunas.

Un bloque completo de hierro fundido es mecanizado para dar forma al tambor de un freno. A pesar de que sería más rápido y barato fabricar las aletas de refrigeración por fundición, Rolls-Royce prefiere mecanizarlas junto con el resto del tambor para evitar la aparición de sopladuras.

En la imagen, el motor V8 de 6.2 litros optimizado para que el ruido en el interior del coche sea mínimo. No se especifica la potencia, pero sí que conseguirá alcanzar una velocidad máxima de aproximadamente 180 km/h en un vehículo de más de 2 toneladas.

El famoso radiador de Rolls-Royce, realizado en acero inoxidable pulido, es ensamblado por dos soldadores cualificados. Cada radiador lleva entre 9 y 10 horas de trabajo artesanal. Como curiosidad, las superficies superior y frontal parecen planas, pero están curvadas unas milésimas para parecer planas (en caso contrario crearían un efecto óptico que las haría parecer curvadas). Un truco copiado de los principios arquitectónicos de los antiguos griegos.

El jefe de pruebas Doug Fox prueba por primera vez un Rolls-Royce virgen en un paseo de 200 millas. Hasta el más mínimo detalle es anotado para su reparación a manos de un especialista.

Doug Fox demuestra la estabilidad del vehículo soltándose de manos a 180 kilómetros por hora. Se apunta que incluso a esa velocidad es posible mantener una conversación en tono normal. Cada nuevo Rolls Royce pasa al menos una semana de pruebas y mejoras.

Bonus: La fábrica de Rolls Royce en la actualidad

A continuación os dejo el capítulo de Megafactorías dedicado al Rolls Royce Phantom. Aunque como podréis comprobar el trabajo sigue siendo eminentemente manual, los procesos han evolucionado bastante en los más de 50 años que hace que se escribió el artículo anterior. Eso sí, en la casa de la doble R, siguen siendo tan meticulosos con los ruidos como siempre.




La historia de la red de metro privada del Capitolio de los EE.UU.

Metro del Capitolio - Ilustración de la revista Popular Science Nº 89, sept. 1916 (Fuente)

El Capitolio de los Estados Unidos es el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso (la Cámara de Representantes y el Senado). Se trata, junto con la Casa Blanca, del centro neurálgico de la política nacional, así como de uno de los lugares más representativos de la capital norteamericana. 

Fue inaugurado en el año 1800, y desde entonces ha sufrido numerosas reformas y la anexión de una gran cantidad de edificios que han convertido los terrenos contiguos en una auténtica urbe burocrática. De todas ellas, la que se recoge en esta entrada probablemente sea una de las menos importantes, aunque no por ello deja de resultar curiosa. 

Hablo de la red de metro privada que se encuentra en el subsuelo del complejo y que conecta el edificio principal con los bloques de oficinas de la Cámara de los Representantes y el Senado, situados en los alrededores. El conjunto está compuesto por 3 líneas y 6 estaciones. 

El primer túnel se construyó para comunicar el edificio principal con el bloque de oficinas del Senado Russel. Fue excavado a principios del siglo XX, e inaugurado el 9 de marzo de 1909. La idea inicial era proveer un acceso a pie subterráneo para los senadores, pero caminar hasta las oficinas resultaba demasiado lento y tedioso, sobre todo a la hora de votar, cuando tan sólo disponían de 15 minutos para ejercer su derecho. 

Coche eléctrico Studebaker (Fuente)

Para suplir la necesidad de un transporte más rápido, enseguida se habilitaron dos coches eléctricos amarillos de la marca Studebaker, conocidos popularmente como Peg y Tommy, cada uno de ellos con capacidad para 8 personas. Pero los coches también resultaron ser demasiado lentos para sus señorías, por lo que tan sólo tres años después fueron sustituidos por dos monorraíles eléctricos con capacidad para 24 pasajeros y una velocidad máxima de 8 km/h. 

Estos vehículos tampoco duraron demasiado, puesto que en 1916 se cambiaron de nuevo por unos más rápidos, menos ruidosos y con capacidad para 36 pasajeros en total (18 en cada coche). Cada uno tenía un peso de más de 1.100 kg, y unas dimensiones de 5.6 metros de largo y 1.17 metros de ancho. El coste fue de 9.500$ de la época. Como curiosidad, el asiento del conductor se situaba en el centro de cada tren, dado que estos no podían girar al final de la línea y debían mantener la posición independientemente del sentido del viaje. Ambos recorrían el túnel de unos 230 metros de longitud hasta 125 veces al día.

Monorraíl instalado en 1916, con el asiento del maquinista instalado en posición central (Fuente)

Los nuevos coches se mantuvieron en activo hasta 1960, cuando dieron paso a dos tranvías de doble vía que siguen funcionando en la actualidad. Al igual que el monorraíl, los tranvías también circulan en una única vía dedicada, y están operados manualmente por un conductor. 

También en 1960 se construyó la segunda línea de monorraíl que liga el Capitolio con el edificio de oficinas Dirksen del Senado, erigido en 1958. Cinco años después, la construcción del edificio Rayburn de la Cámara de los Representantes supuso la apertura de la tercera línea, la única destinada a esta cámara. En el año 1982 la línea Dirksen se amplió hasta el complejo de oficinas Hart, y en 1993 el monorraíl se sustituyó por un tren automático de tres vagones operado de forma remota.

Este tren, activo en la actualidad, se mueve gracias a la potencia suministrada por 506 motores de inducción lineal que distribuidos bajo las vías en intervalos de 1.5 a 3 metros. Estas forman un circuito cerrado de casi un kilómetro, que normalmente es recorrido por 4 trenes simultáneamente, cada uno de ellos con un peso de 4.100 kg, con una capacidad de 2.700 kg y una velocidad máxima de 22 km/h.

El senador republicano John McCain en el metro
del Capitolio el 13/03/08 (Fuente)
La red de metro del Capitolio es, muy probablemente, la más segura del mundo. Su acceso está abierto a turistas siempre que vayan acompañados por un guía del monumento, aunque se restringe el uso en las jornadas de votación para no afectar al normal funcionamiento de las cámaras. Sin embargo, toda la seguridad se ha visto reforzada desde los atentados del 11S, y la línea entre los edificios Dirkesn y Hart permanece cerrada al público.

Tan sólo se ha registrado un accidente en los más de 100 años de vida del conjunto. Ocurrió en la línea Rayburn en el año 2007, cuando un fallo mecánico impidió frenar el tren al final del recorrido. No se registraron víctimas, aunque el maquinista resultó herido y fue trasladado al hospital para mantenerlo en observación.

STOL-Bus, la revolución aérea del transporte interurbano que nunca triunfó

En los últimos años de la década de los 60 la aviación comercial vivió momentos de gran apogeo. Las rutas de menos de 500 kilómetros se popularizaron en Estados Unidos, congestionando el espacio aéreo y los aeropuertos situados a las afueras de las grandes ciudades. Las aerolíneas de cercanías pasaron de 15 en 1964 a más de 200 en 1970, y todo hacía prever que el STOL-Bus (de Short Take Off and Landing, despegue y aterrizaje corto en su traducción al español), un nuevo sistema de transporte interurbano, sería un éxito en los años venideros.

De Havilland Canada DHC-7 "Dash7" (STOL), 1975 (Fuente)
Las naves que se pensaban utilizar en este sistema no eran más que avionetas ya existentes, similares a muchas de las que aún hoy en día se fabrican. La verdadera revolución del STOL-Bus residía en la infraestructura: la instalación de pequeños aeropuertos (STOLports) en el centro de las ciudades, con pistas de entre 150 y 600 metros, permitiría a los viajeros moverse entre distintos núcleos de población sin la necesidad de utilizar las grandes terminales situadas en los arrabales, lo que en teoría supondría un enorme ahorro de tiempo.

En 1965, Oscar Bakke, jefe de planificación de la Federal Aviation Administration propuso instalar uno de estos STOLports sobre unos viejos muelles del río Hudson, pero el proyecto se atascó. Sin embargo, en 1970 Houston ya tenía un aeropuerto metropolitano o metroport en el centro de la ciudad, y otras ciudades como Los Angeles o St. Louis ya planeaban la construcción de lugares similares.

Proyecto de STOLport sobre el río Hudson (Fuente)
Las predicciones para este sistema eran optimistas. En 1970 la Civil Aeronautics Board afirmaba que el servicio era posible, y que a finales de 1973 la mitad de los 14 millones de viajeros entre las siete ciudades más importantes del noreste viajarían en STOLs o helicópteros. Por otra parte, un estudio publicado en 1971 por los laboratorios Wyle preveía que en 1985 habría en EE.UU. unos 1200 pequeños aviones (tanto STOL como VSTOL, estos últimos de aterrizaje y despegue vertical) divididos en 1000 de 4-10 pasajeros y 200 de 40 a 80 cubriendo rutas de hasta 80 kilómetros, y unas 400 naves de entre 80 y 100 pasajeros volando en trayectos de entre 80 y 800 kilómetros.

En cualquier caso, todos los sueños se fueron al traste con la cancelación definitiva del proyecto de construcción del STOLport del río Hudson. A pesar de parecer un proyecto rentable, demasiada gente no estaba dispuesta a soportar el ruido y las molestias que conllevaba tener un aeropuerto en la puerta de casa, y el STOL-Bus perdió la batalla frente al transporte tradicional.

Fuentes: Popular Science I, II | Estudio de los laboratorios Wyle